El monstruo lo llevamos dentro/ The beast dozes within ourselves

‘El páramo’, Jaime Osorio, 2011

*Temor… ¿A nosotros mismos?

Hace algunas semanas ya, comprobé que el cine de terror me encanta de la misma forma en que me encantan las montañas rusas. Una vez la sala se oscurece, las ruedas del carro giran, la música incidental empieza, los personajes se adentran en las tinieblas de la noche, y subo lentamente la empinada cuesta emocional contemplando por unos instantes la profundidad de la caída… Quiero huir. Siento arrepentimiento, y me pregunto ¿Por qué me estoy sometiendo a esto?

Al mismo tiempo, el viaje comienza: entrecierro los ojos, salto en la silla, grito improperios e invoco a Dios de forma autómata e innecesaria.

Ambas situaciones involucran un acto masoquista: el disfrute del miedo, la preocupación y la angustia que, en el caso de la montaña rusa, son generados por una travesía personal. En el caso del cine, es la travesía de otros lo que produce esta angustia… Verdadera compasión por el prójimo: ¡No te metas ahí! ¡CORREEE!, grito  en la sala, cuando veo que uno de los personajes se encuentra en una situación de peligro.

Y he aquí el componente del cine de terror que me emociona y me preocupa al mismo tiempo: NO tiene relación con los monstruos inventados (Chuckie, Jason, depredador, extraterrestres…aunque confieso que también me dan escalofríos). Lo que verdaderamente me asusta son las tinieblas de la naturaleza humana. Cuando las historias se acercan a lo más oscuro de nuestro ser y las tribulaciones de los personajes son tan reales que uno siente que pueden suceder… le.

en ‘EL PÁRAMO’, un comando especial de alta montaña compuesto por nueve experimentados soldados es enviado a una base militar en un desolado páramo con la que se perdió contacto hace varios días y que se cree fue blanco de un ataque. Al llegar encuentran un único y misterioso sobreviviente. Poco a poco el aislamiento, la incapacidad de comunicarse con el exterior y la imposibilidad de huir, socavan la integridad y la cordura de los soldados, haciendo que pierdan la certeza sobre la identidad del enemigo y les crea dudas sobre su verdadera naturaleza’ *

Acontecimientos tenebrosos y extraños suceden siempre que se aísla totalmente a un grupo de seres humanos de la sociedad y se les somete a condiciones climáticas terribles, combinadas con la carencia de la comida y la incomunicación con el mundo exterior. Se podría decir que los personajes vuelven a un estado de ‘sociedad primitiva’, donde las reglas morales y éticas del mundo en el que una vez se vivió, parecen lejanas… Donde la justicia es difusa como la neblina del páramo, y la sangre se torna aún más fría sin poder culpar por esto a las bajas temperaturas.

He visto un planteamiento parecido en películas como ‘The thing‘ de John Carpenter (obra maestra del cine de terror, en mi opinión), pero ‘El páramo‘ tiene un componente nuevo: Los personajes son un grupo de soldados (no de científicos), acostumbrados a matar al enemigo para su supervivencia. Estamos hablando de un grupo que hace parte activa en el conflicto interno del país: los ‘buenos’, los que trabajan para el estado.

A mí se me dificulta juzgarlos unilateralmente. Es complejo (sino imposible), sobretodo teniendo en cuenta que hay vidas humanas de por medio…incluyendo la de ellos mismos. Es un terreno muy escabroso y de líneas difusas.

¿Qué se justifica en la guerra? Para algunas personas, TODO. La negación de la humanidad del enemigo siempre facilita la tarea, desconociendo a su vez la terrible consecuencia de esta acción: la inevitable deshumanización de nosotros mismos.

‘El páramo’ no me va a dejar dormir por un buen tiempo. No porque piense que algún día se me va a aparecer un monstruo que viene de los avernos en una base militar olvidada en medio de frailejones en una montaña. Sino porque me aterra pensar que ese monstruo vive dentro de mí.

‘The Squad’, Jaime Osorio, 2011

*Fear… to ourselves?

A few weeks ago, I confirmed that I love horror films the same way I love rollercoasters: Once the room goes dark, the wheels start spinning, the incidental music grows louder, the characters dive into a pitch dark night and I climb up the emotional first step hill gazing down, for a few seconds, into the deepest abyss ahead of me… I want to run away. I feel regret and I wonder: Why am I doing this to myself?

At the same time, I squint my bleary eyes, and on the edge of my seat I scream and curse in the name of God in an almost unconscious-robot mode.

Both situations involve a masochistic act within themselves. They rise of adrenaline produced by fear, angst and concern caused by a personal journey on the rollercoaster. At the movie theatre, these feelings are caused by somebody else’s journey: True compassion for another being. I still yell at the movie screen ‘Don’t go there’ or ‘Run!’ when one of the characters gets into a compromising life-or-death situation.

And here’s the ingredient of horror films that excites me and disturbs me at the same time: It’s not really made up monsters such as ‘Chuckie’, ‘Jason’, ‘Predator’, aliens among others… What truly makes my hair stand on end is the intense darkness within human souls. Stories that come closer to the blackest shades of our inner being and characters’ tribulations and doubts are so related to our own that you sort of feel it could happen… to you.

In ‘The Squad’, an experienced nine-man special division of Colombia’s army is sent over to an abandoned military base in a deserted moor, which has lost contact with the main base and it is thought it was attacked by surprise under enemy lines. Once they get there they find just one mysterious-shady survivor. The inability to reach the outside world or to escape that dreadful location -for the mist has taken over the whole area- undermine the convictions and sanity of the soldiers, forcing them to lose clarity about the true identity of their enemy as well as their own nature.

Sinister actions are prone to happen every time a group of human beings is isolated from the world they are used to living in. The lack of food, information and awful weather conditions bring out everybody’s primitive instincts: moral and ethics -once learnt- seem pretty distant in time and space… Justice is as blurry as the moor’s very mist and the blood gets even colder and the temperature is not to blame.

I’ve seen a similar set up in John Carpenter’s ‘The thing‘ (a masterpiece remake, if you ask me) but ‘The Squad’ has a new ingredient added to the recipe: the personas are not scientists… They are soldiers, used to killing their enemies for survival. We are seeing a group of people who are active within Colombia’s very own war: ‘The good guys’, the ones that work for the country’s sake.

Judging them would make me fall into a complex scenario (It might even be impossible) for, it’s very hard to make up your mind when there are human lives at stake… specially, when one of them is your own.

What can be justified at war? For some people EVERYTHING: The denial of the enemy’s humanity always makes things easier although… taking aside the terrible consequences these actions will bring: a complete de-humanization of ourselves in the shorter-longer end.

‘The squad’ won’t let me sleep a wink for quite some time. Not because I believe one day I’m going to run into a demon caught in a military base up in a moor, but,  because I fear the demon resting quietly within me. 

Acerca de gretageney

Film-maker
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Una respuesta a El monstruo lo llevamos dentro/ The beast dozes within ourselves

  1. Johnnier dijo:

    Partir del cliché para no llegar a él… una practica difícil de llevar a cabo. En este caso lo haces con plena conciencia y un uso preciso para el relato que haces. El lugar común del miedo en el cine, la emoción de involucrarse con el personaje en la aventura del peligro…y luego en un inteligente twist, te sales del cine y caminas hacia el interior del miedo que habita en nosotros, reclamando al cine como ese otro gran revelador del ser humano. Me gusta como depuras poco a poco tu forma de escribir y dejas al lector con algo para mascullar un rato.

    Y si, es difícil dormir tranquilo cuando al fin se ha visto la cara del propio miedo, ese que es capaz de hacer cualquier cosa con tal de justificarse.

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